domingo, 31 de marzo de 2013

La Primera Guerra Mundial (parte 1).


La Primera Guerra Mundial.

Las disputas imperialistas.
Durante el s. XIX, Alemania demandaba una nueva realidad colonial algo que trataban de impedir Gran Bretaña y Francia.
Ese escenario fue testigo de tensiones internacionales, hecho acrecentado por el nacimiento de nuevas potencias como Japón o Estados Unidos, cada una de ellas con sus propios planes imperiales.
Dos episodios constituyeron la antesala de la Gran Guerra. Tuvieron lugar entre 1904 y 1911 en Marruecos, área bajo las aspiraciones coloniales francesas que Alemania utilizó para conseguir sus propios beneficios coloniales. Se conocieron como “Crisis marroquíes”.

El nacionalismo radical
En ese proceso nacieron en el siglo XIX dos estados que jugarían un papel fundamental en la historia de Europa: Alemania e Italia. Al tiempo que esto acontecía, tenían lugar procesos de signo inverso que supusieron la disgregación de viejas entidades estatales en beneficio de otras nuevas. Fue el caso de la Turquía otomana, imperio que a finales del siglo XIX estaba en plena descomposición, parte de la cual se desarrollaba en el área de los Balcanes.
La guerra franco-prusiana (1870), puso los territorios franceses de Alsacia y Lorena en manos de los alemanes. Desde entonces nacionalismo francés no cesó de alentar el desquite y el rescate de dichos territorios.

Un tercer escenario de fricción nacionalista lo constituyeron los imperios coloniales
La crisis de los Balcanes (1906-1914),
La desintegración del Imperio Otomano estuvo acompañada de las reivindicaciones nacionalistas de los nuevos estados surgidos en el siglo XIX. El nacionalismo se mezcló con problemas de carácter étnico, religioso y cultural. Las grandes potencias intervinieron en todos ellos según sus intereses, bien de forma directa, caso de Austro-Hungría, Rusia e Italia, o indirecta, como ocurrió con Alemania, Francia y Gran Bretaña.

Una serie de crisis contribuyeron a la inestabilidad de la zona y al estallido de la Gran Guerra:

Las relaciones entre las potencias se fueron haciendo cada vez más rígidas y surgieron tensiones que se acrecentaron con los problemas coloniales. La situación propició la formación de alianzas o pactos de carácter político-militar cuyo fin fue proteger a los estados integrantes en una eventual contienda bélica.

La Triple Alianza
 Se formó en 1882 promovida por el canciller alemán Bismarck. Estuvo constituida por Alemania, Austria-Hungría e Italia. Sin embargo esta última no cumplió sus compromisos cuando estalló la guerra y en principio se mantuvo neutral hasta intervenir más tarde como miembro del bando contrario.
A lo largo del conflicto nuevas potencias se adhirieron a este bloque: Turquía (octubre de 1914) y Bulgaria (octubre de 1915).

La Triple Entente
Se creó en 1907 y sus integrantes fueron Francia, Gran Bretaña y Rusia, a las que se añadió más tarde Serbia. Se conoce también con el nombre de los “aliados”. Los precedentes de esta liga hay que buscarlos en la “Entente Cordiale” de Francia y Reino Unido, instituida en 1904.
Durante el conflicto se incorporaron Bélgica (atacada por Alemania); Japón (agosto de 1914) aspirante a arrebatar a Alemania sus colonias del Pacífico y sustituir su papel de potencia imperialista en China; Italia (mayo de 1915); Rumanía (junio de 1916), Portugal (marzo de 1916); Estados Unidos (abril de 1917); Grecia (junio de 1917); también fue el caso de China y varios estados latinoamericanos.

Las razones que llevaron a la formación de alianzas fueron:
·         Los recelos británicos ante el incremento del poder económico y militar de Alemania, empeñada en la construcción de una potente flota de guerra que estuviese en condiciones de competir con la del Reino Unido.
·         Los intereses contrapuestos de Alemania y Francia en Marruecos que originaron serios conflictos diplomáticos en 1905 y 1911.
·         El apoyo ruso a Serbia, país independiente desde 1867, que aspiraba a conseguir los territorios de Bosnia-Herzegovina, anexionados entre 1908 y 1909 por el Imperio Austro-Húngaro. Rusia, vinculada a Serbia por estrechos lazos de carácter étnico y una común condición de pueblos eslavos anhelaba liderar un proyecto de unificación "paneslavo".
·         La preocupación de Austria por el creciente nacionalismo serbio, al que deseaba anular militarmente.

La entrada en guerra de los Estados Unidos de América rompió el aparente equilibrio en que se desarrolló el conflicto hasta 1917 e inclinó la balanza del lado de la Entente.
Entrada en acción de las alianzas



El estallido de la guerra comprometía a las potencias a intervenir en ayuda de sus respectivos aliados. La declaración de guerra de Austria a Serbia fue el hecho que provocó la intervención de Rusia y Francia, sus aliados.

A partir de ahí la incorporación de nuevos estados al conflicto se sucedió encascada.
El 28 de julio Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. Rusia, aliada de Serbia hizo lo propio con Austria.
·         El 1 de agosto Alemania rompió la paz con Rusia y dos días más tarde con Francia.
·         La penetración alemana en Bélgica con vistas a la invasión de Francia, decidió a Gran Bretaña a declarar la guerra a los germanos (4 de agosto).
·         Por su parte Italia, alineada en el bloque de las potencias centrales, incumplió sus obligaciones con la Triple Alianza y se mantuvo neutral (más tarde se incorporó a la guerra pero al lado de la Entente).

Gran extensión

El elevado número de contendientes, la enorme extensión geográfica afectada y la relevancia demográfica que alcanzó el conflicto, justifican el apelativo de "Gran Guerra" o "Primera Guerra Mundial".
Aunque se inició en el continente europeo, con la implicación de Austro-Hungría y Serbia, el juego de las alianzas militares arrastró a la contienda a un creciente número de potencias.


Algunos países beligerantes (Reino Unido, Francia, etc), poseedores de vastos coloniales pusieron en pie de guerra sus respectivos dominios, con lo que en la práctica participaron en las hostilidades los cinco continentes.
Aunque los combates más duros se desarrollaron en Europa (Bélgica y Francia fundamentalmente), los frentes se prolongaron a lo largo de miles de kilómetros.

Gran duración



Desde que Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914 hasta que Alemania firmó el armisticio el 11 de noviembre de 1918, se desarrolló un conflicto bélico que superó en duración a cuantos habían tenido lugar durante los siglos XVIII y XIX, si se exceptúan las guerras napoleónicas.

Tan solo algunas pugnas coloniales o civiles lo sobrepasaron.


Movilización general

La antesala de la guerra estuvo jalonada de tensos incidentes entre las potencias europeas. Éstas se embarcaron en una política de rearme que no hizo sino agravar la situación.
En vísperas de la guerra todos los ejércitos reforzaron sus efectivos
El ejército alemán pasó de 621.000 hombres a 820.000. Austria-Hungría tenía en activo 450.000. Francia amplió el servicio militar obligatorio hasta 3 años de duración y contaba con unos 770.000 soldados. Rusia por su parte, contabilizaba en 1914 el ejército más numeroso, 1.800.000 hombres en armas.

A lo largo de la contienda estas cifras se incrementaron ostensiblemente y cada uno de los principales ejércitos desplegó en los frentes millones de combatientes.
Para hacer frente a ese esfuerzo se recurrió a la propaganda bélica: la prensa y la imprenta se utilizaron para exaltar el patriotismo y advertir sobre los peligros a los que se enfrentaba el país. Alemania desplegó una política de exacerbado militarismo y amplios sectores de la población se dejaron arrastrar por un sentimiento de patriótico fervor que inundó incluso las escuelas.



La necesidad de efectivos para la lucha hizo que las edades de reclutamiento forzoso fuesen ampliadas, dando lugar a la incorporación al combate de adolescentes y hombres de edad madura. Ello repercutió en una dramática escasez de mano de obra en la retaguardia, que se palió en parte recurriendo a la mano de obra femenina.

Hasta entonces la mujer había intervenido en actividades como la fabricación de textiles o la minería, sin embargo la inmensa mayoría había permanecido en sus hogares, colaborando en las faenas agrícolas. La incorporación femenina a la producción industrial sustituyendo en sus puestos de trabajo a los hombres supuso una auténtica revolución social que se decantaría con posterioridad y revelaría su verdadero alcance con la conquista de derechos políticos y legales de la mujer.

La duración, extensión y rigor del conflicto debilitaron la moral, tanto de los combatientes como de la retaguardia, hecho que se intentó contrarrestar mediante el despliegue de agresivas campañas de expresión patriótica en las que se exaltaba las hazañas de las tropas al tiempo que se ridiculizaban las acciones del enemigo, calificadas por la prensa humorística como torpes y blandas.



Los medios de comunicación (prensa y radio) pasaron a ser controlados censurados por los gobiernos.


Importancia de la retaguardia
Frente a contiendas anteriores, la Primera Guerra Mundial se desarrolló no sólo en los frentes de batalla, sino también en la retaguardia.

La magnitud del conflicto, el gran número de potencias que se vieron implicadas y sobre todo la colosal demanda de una guerra moderna, alentaron la estrecha conexión entre el frente y la retaguardia que lo aprovisionaba.

Se puso en práctica una fuerte planificación económica acompañada de cambios en la organización productiva, laboral y sanitaria.



A las líneas de combate llegaban grandes cantidades de pertrechos militares, víveres y medicinas procedentes de las ciudades, elaborados por una industria que hubo de adaptarse a las necesidades bélicas.


Los países neutrales también sufrieron importantes transformaciones en sus estructuras económicas, pues se convirtieron en proveedores de materias primas, alimentos y pertrechos y su sistema productivo hubo de adecuarse a la demanda de los beligerantes. Así sucedió con Argentina, Brasil y España, cuyas exportaciones crecieron a un elevado ritmo durante el conflicto.
El caso de Estados Unidos fue singular: se erigió en el principal sostén de los ejércitos aliados. Su intervención militar fue decisiva en el triunfo aliado, pero no lo fue menos su apoyo económico y financiero. Al término del conflicto se había convertido en el indiscutible acreedor de Europa y durante la posguerra sus créditos permitieron la reconstrucción de las maltrechas economías de los beligerantes, entre ellas la de su antigua enemiga, Alemania, a quien sus préstamos sirvieron para paliar el grave problema de las indemnizaciones.




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