sábado, 4 de mayo de 2013

Energéticos s. XX.


Energéticos en el s. XX.

Los hidrocarburos, combustibles fósiles, son una fuente de energía primaria con grandes ventajas en cuanto a su extracción, manejo y uso, por lo que se convirtieron en el energético más importante de este siglo. Desde el punto de vista de los energéticos empleados, se puede hacer un recorrido por la historia de la civilización, empezando por los cazadores recolectores de los principios de la humanidad, que usaban su propia energía, hasta llegar a nuestra sociedad basada en el petróleo. Todavía al final del siglo XIX los energéticos más importantes eran la madera y el carbón. A finales del siglo XX, con el uso del petróleo, la cantidad de energía útil per cápita fue veinte veces mayor. Claro que hablamos en promedio y sabemos que el uso de la energía es una de las principales diferencias entre los países ricos y los pobres. Además, a pesar de este enorme desarrollo, ya desde principios de los años setenta se plantearon serias dudas sobre la disponibilidad de los combustibles fósiles a nivel mundial, en el transcurso de los años.

México cuenta con grandes reservas probadas de hidrocarburos, alrededor de 40,000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Sin embargo, la diversificación energética es necesaria por varios motivos principales: hay aspectos técnicos y económicos que limitan el volumen de hidrocarburos que se puede extraer del subsuelo y hay un aumento en el costo del barril a medida que se hace más compleja la extracción. Además, el petróleo es muy importante también en la elaboración de materiales sintéticos y, en cierta forma, se desaprovecha como combustible. Finalmente, es un recurso no renovable.

 Las fuentes primarias de energía: hidrocarburos, hidroenergía, carbón, nuclear, geotermia y solar. Son fuentes no renovables aquellas que no podemos recuperar en tiempos comparables con la vida humana. Las necesidades internas son la demanda de energía de los sectores de la economía nacional, tales como: energético, industrial, transporte, comercial, doméstico y agrícola.

Por ejemplo, y simplificando sobremanera la problemática real, se podría definir que los requerimientos internos de energía dependerán del estado de la economía nacional; los volúmenes de exportación de hidrocarburos obedecerán a la situación del mercado internacional y a la capacidad tecnológica nacional, y la participación de energéticos alternos se sujetará a las innovaciones tecnológicas y acciones de política.

Existen diferentes métodos para hacer planeación energética. Por ejemplo el llamado LEAP, de las siglas en inglés para "planeación a largo alcance de energías alternativas" (Manzini et al, 1999), es un modelo que permite evaluar el efecto de diferentes políticas energéticas en el consumo de energía y en sus consecuentes emisiones. Dentro de este esquema se calcula la energía consumida por la demanda, a partir de la energía gastada por los diferentes sectores finales de México. Por ejemplo, los sectores finales son el residencial, el agrícola, el industrial, el transporte y la energía consumida por el propio sector energético. La fase de transporte incluye generación y distribución de electricidad, las refinerías, las plantas de gas, la producción de gas natural, y la producción de petróleo y coque. Una vez que se calcula la energía de la demanda, las fuentes primarias y las transformaciones deben ser compatibles con ésta.

Se sabe que en 1996 el 74% de la energía primaria neta de México se usó en los sectores finales y el 19%, en la transformación. El 7 % restante fueron pérdidas por distribución y almacenaje. Sólo el 11.6 % vino de fuentes de energía renovables. Para imaginar lo que pasará en 2025, se pueden construir tres escenarios diferentes con base en las siguientes suposiciones.

En el primer escenario se considera a los hidrocarburos como la principal fuente de energía. En el sector de generación de potencia se usa tecnología basada en combustolio. En el segundo escenario, la fuente privilegiada es el gas natural. Toda la instalación nueva de capacidad energética se basa en tecnologías de gas natural. En el tercer escenario, las fuentes de energía renovables se usan para suplir las nuevas necesidades de demanda, siempre y cuando sean factibles tanto desde el punto de vista económico como del técnico, lo que implicaría que el 31% de la energía total primaria vendría de fuentes renovables.

¿Cómo podemos evaluar estos escenarios? Un factor fundamental es medir sus impactos en el medio ambiente. Muchos procesos de combustión energética van acompañados de emisiones, principalmente de CO2, metano, NOx y SOx. El primer escenario es el que más rápidamente contamina. El uso de gas natural disminuye el ritmo de la contaminación. La diversificación de fuentes de energía, con el uso de fuentes renovables, nos ofrece un escenario en el cual se puede llegar a controlar y reducir la contaminación ambiental. Además, en este último esquema se ahorra petróleo para utilizarlo en otras aplicaciones.

Los resultados anteriores son escenarios de futuros posibles de la Demanda Interna de Energía Primaria en México y las fuentes primarias y tecnologías que las satisfarán. Se debe siempre considerar, además, que un programa de ahorro de energía repercutiría muy favorablemente en los requerimientos nacionales de inversión, divisas y desarrollo tecnológico.

En primer lugar, se deberá establecer una política específica para la energetización rural, que determine los objetivos a alcanzar en el nivel energético a abastecer.
El grado de industrialización de un país ya no se medirá por la cantidad de tipos diferentes de aceros que produzca, sino por el desarrollo que alcance en tres áreas, principalmente: electrónica, biotecnología y nuevos materiales.

La importancia del sector energético es de tal magnitud en México, que los costos de las diversas actividades no se pueden circunscribir a unas empresas o al sector, sino que se debe considerar el costo para la nación.




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